12 de noviembre de 2010

Adiós, Cirebon. Hola Pekalongan.

En la costa norte de Java, se encuentra nuestro nuevo destino, una ciudad pequeña, pero famosa entre los indonesios. Pekalongan es famoso por ser el centro del batik innovador,. Mientras en Yogya y Solo se especializan en hacer telas estampadas clásicas, las usadas por los Kratones de dichos lugares, en Pekalongan, buscan llevar al batik a todas partes, haciendo piezas más modernas, que le gusten a todos. Es por ello, que sin mucho atractivo al turista, esta ciudad siempre estará llena de ellos, gracias a que tienen el batik más solicitado de Indonesia.

Llegamos en la noche a la ciudad, un poco más grande que la anterior. Encontramos un hotel musulmán, donde intentar quedarnos fue un poco difícil, pero al final nos aceptaron.

Al siguiente día, nos dispusimos a recorrer los barrios árabe y chino del lugar. En el barrio árabe no encontramos muchas cosas, intentamos comer allí, pero la sorpresa fue que tenían la misma comida que en el resto de Java, así que mi ilusión por comer shawarma se desvaneció. Seguimos al barrio chino, y cual sería nuestra sorpresa, al ver que justo al lado del templo chino, había una iglesia católica, y no sólo esto, detrás de estos dos, ¡¡¡una mezquita!!! Es aquí cuando no cabe duda que en Indonesia las religiones aprenden a convivir de manera armoniosa.

Al único sitio que pudimos entrar fue al templo chino (la iglesia estaba cerrada, y la mezquita en remodelación). La experiencia dentro del templo, fue muy similar a la del visto en Cirebon. En este barrio encontramos antiguas casas con terrazas chinas, templos chinos, farmacias chinas. Actualmente, el barrio se ve un poco descuidado, pero se puede observar que en algún momento tuvo su época de esplendor.








Esa noche, nos hablaron de unas presentaciones de samurai en el pueblo, nos lanzamos a la búsqueda del sitio, y llegamos a una concurrida plaza, en donde estaba instalado un parque de atracciones, bastante concurrido, alejándonos de allí, encontramos el sitio de la supuesta presentación. Pagamos 15.000 rupias sin saber que era lo que verdaderamente veríamos. Entramos a una sala con una pantalla, donde nos mostraron un video con la historia de Saladin. No sabíamos que tenía esto que ver con los supuestos samurais. Al terminar, nos llevaron a otra sala, en donde encontramos una exposición de musulmanes. ¡Ah¡ Y no dejaban tomar fotos. Ni los indonesios sabían que había en la exposición. Nos fuimos, pero no sin antes pararnos en el parque y montarnos en una atracción por lo menos. Nos fuimos un poco más contentos.

Al día siguiente, replanteamos nuestro viaje, decidimos irnos de Java por un tiempo, y qué mejor lugar que Bali, decidimos gastar lo menos posible para ir hasta allá, lo que suponía un viaje de muchas horas. Así comienza todo, el verdadero viaje de mochileros.











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