30 de diciembre de 2010

La corrupción.

Nuestra llegada estuvo marcada por polvo y cenizas suficientes para pasar tres días limpiando la casa. Pero más allá de eso, Jogja nos recibió con su comida más barata, con la sonrisa de sus habitantes y con la tranquilidad que aquí reina. Los primeros días fueron de trámites por nuestra visa, y de eso tratará esta entrada. Quiero hablar un poco de las injusticias que vemos día a día y a las que no les podemos encontrar solución. Luisfer y yo tenemos visa de cultura, dura dos meses para la mayoría de los países, pero nos explicaron que como somos de Venezuela sólo duraría un mes, así que debíamos renovarla constantemente, lo que significa visitar inmigración tres veces al mes. Ya mucho habíamos oído de la constante corrupción que existe en Indonesia y contra la cual están luchando día tras día. Corrupción que empieza desde los niveles más bajos, todos quieren dinero y chanchullo tras chanchullo, lo logran.


El contacto más cercano que he tenido con esta realidad ha sido en dicha oficina. La primera vez ocurrió cuando se venció mi visa de estudiante y como todos los darmasiswas fui a realizar el proceso correspondiente. Todos debíamos pasar por la oficina de “Ibu Ros” y cuando hablo de todos, me refiero a aproximadamente los cincuenta estudiantes que estábamos en Jogja. Como estudiantes becados por el gobierno no debemos pagar ninguno de estos trámites y en efecto es así hasta que llegas a la oficina de esta señora. Sin ningún tipo de respeto y delante del resto de la oficina donde ella está te pide que le des 50.000 rupias a cambio de tu pasaporte, el cual es SU DEBER entregarlo. Creo que la parte más desesperante es que al pedir dicho dinero lo hace con una sonrisa como si fuese una gracia. Hace dos meses nos pasó algo peor que las 50.000 rupias. Tuvimos que subir a su oficina a entregar unos requisitos extras, la señora comenzó a bromear y me dice que ella no ha almorzado y que tiene hambre, y que si quiero que el proceso sea más rápido le comprara comida en un restaurante cercano a la oficina. Ese mismo día teníamos nuestra visa de nuevo.


Luego de volver de Bali, tuvimos un problema con la renovación porque según ellos hubo una irregularidad en el proceso. Para solucionar dicho problema, tuvimos que pagar el doble de lo que cuesta la renovación.


Ahora volviendo a las 50.000 Rp. cobradas por esta señora. Este año son alrededor de 80 darmasiswas en Jogja que deben pasar por su oficina antes de volver a sus países. Con cuantas ansias estará esperando esta señora su agosto.


Ahora, la razón para tanta corrupción, muchas habrán. Los sueldos que reciben no alcanzarán para nada, la cantidad de extranjeros que desean quedarse aquí son blanco fácil, inmigración es una de las oficinas más visitadas.


La pregunta es: ¿Denunciarlo? Todos saben lo que pasa en inmigración, todos reciben su parte. En mi caso, cuando terminé mi visa estudiantil deseaba quedarme más tiempo, y denunciarla hubiese sido no obtener mi cambio a visa cultural. Sí, entre la espada y la pared. Denunciarla no era la mejor idea.
En Indonesia hay un día llamado “hari anticorrupsi” (el día anti corrupción), ese día fue cuando tuvimos que arreglar la “irregularidad de nuestra visa”.


Yo no vengo de un país corrupción cero. Vengo de uno muy parecido a este. Y la denuncia la hago tanto aquí como allá. Como la mayoría de las personas que me leen son venezolanos saben a lo que me refiero.

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